Crédito: APEntre juicios, opositores y un millonario divorcio -que tiene en juego 8 mil millones de dólares- el primer ministro italiano amenaza por lo bajo con renunciar. Esta maniobra le daría apoyo popular para otro período
Ya lo había anunciado semanas atrás en un programa de televisión como algo totalmente imposible. "Si el pueblo así lo pidiera, yo renunciaría", dijo y rápidamente aclaró que tal situación era inviable, ya que no sólo cuenta con el apoyo popular, sino que su partido, el PDL que formó con Gianfranco Fini, se encuentra también sumamente fortalecido.
Sin embargo, el panorama para Silvio Berlusconi no parece tener todo ese optimismo del que se jacta. Con juicios que le tocan la puerta, cada vez con mayor insistencia, con una oposición que empieza a cansarse y tomar fuerza, sumado a los escándalos sexuales y un juicio de divorcio que podría costarle 8 mil millones de dólares, la situación del primer ministro se complica cada día que pasa. Tanto así, que desde el gobierno ya se dice que Berlusconi estaría pensando en una nueva estrategia para seguir en el poder.
Se trataría de una renuncia que, según sus especulaciones, lo posicionaría nuevamente en lo alto y le permitiría volver a presentarse para las próximas elecciones.
A esta teoría hay que agregarle la estrategia que el mandatario lleva a cabo para librarse de los juicios, uno de los cuales -el primero de los casos: el fraude Mediaset- acaba de ser reanudado hoy.
Su primer movimiento, el más audaz, estaría disfrazado con el atractivo traje de reforma de la Justicia. Una ley que tiene como auténtico objetivo lograr la prescripción de los dos juicios en que está imputado.
El borrador de la nueva norma ya se discute en el Senado. Prevé que los procesos, que ahora duran más de diez años, no podrán superar los seis: dos para el primer grado, dos para la apelación y otros dos para el recurso al Supremo. Si en alguna de estas fases se sobrepasa la barrera de los 24 meses, el delito prescribirá de inmediato.
La nueva ley de plazos sólo podrá ser aplicada a los delitos castigados con penas de hasta diez años de cárcel. Quedan fuera los crímenes de mafia y asesinato pero no los de corrupción, precisamente de los que está acusado Berlusconi. Además sólo se podrán beneficiar de la normativa las personas que no tengan antecedentes, como ocurre con 'Il Cavaliere'. Los que hayan sido condenados en alguna ocasión se quedan fuera, lo que supone una violación del principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la Justicia.
La otra opción de Berlusconi para evitar los juicios es más clara. Consiste en recuperar la inmunidad para todos los miembros del Parlamento, un estatus del que ya gozaban hasta 1993, cuando el instituto que autorizaba los procesos para diputados y senadores fue abolido por su uso excesivo. "Tendrá unos efectos devastadores sobre el funcionamiento de la Justicia penal en Italia", dijo en un comunicado la Asociación Nacional de Magistrados. "Se trata de una despenalización sustancial de hechos relevantes y objetivamente graves", aseguró.
Además de las críticas de los jueces y de la oposición, llama la atención que incluso algunos miembros del partido del gobierno hayan mostrado su disconformidad.
A este panorama hay que agregarle un detalle más: quienes ven la caída de Berlusconi ya sueñan con abrazar el poder. Es el caso de su socio, Gianfranco Fini, que aunque dijo las acusaciones de complot contra Berlusconi son infundadas, ya se vislumbra como futuro primer ministro italiano.



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