
El equipo de Abel Alves coqueteó con la victoria y al final se llevó un amargo empate de la Paternal, nuevamente por problemas con los envíos aéreos
El Boca de Abel Alves –así habrá que acostumbrarse a llamarlo- comenzaba el Clausura con más dudas que certezas, tras un
Con pocas novedades respecto del último equipo que cerró un pálido 2009, apostaba todo al regreso de Juan Román Riquelme, el conductor al que tanto había extrañado. Y el 10 hizo de las suyas, pero eso no alcanzó para tapar los viejos problemas defensivos, sobre todo uno: el de contener los embates aéreos.
Sí, Boca sufre los centros cual equipo amateur que vive pendiente de lo que pueda realizar en el arco de enfrente, subestimando las virtudes de los rivales o, lo que es peor, los defectos propios. Un gol en contra –el de Ezequiel Muñoz, tras un centro venenoso de Facundo Coria- y otro de Ismael Sosa, asistido tranquilamente por Matías Caruzzo, tiraron por la borda dos ventajas parciales y tres puntos casi asegurados.
Casi. Porque el oportunismo de Martín Palermo, quien aprovechó un rebote del arquero Nicolás Peric, y la buena pegada de Riquelme, autor del segundo a falta de cinco minutos para el final, al menos hubieran servido para disimular los evidentes problemas que todavía tiene Boca para convertirse en dueño de la pelota.
Jesús Méndez y Cristian Erbes, las nuevas apuestas, cumplieron. Gary Medel, como siempre, hizo su trabajo. Riquelme fue la
Siguen Hugo Ibarra y Claudio Morel Rodríguez. Gabriel Paletta resiste por la ausencia de refuerzos y Muñoz sufrió simplemente una desgracia en su regreso oficial. Basile tal vez no estaba tan equivocado a la hora de los pedidos. Los dirigentes, aunque tarde, tomaron nota y buscan soluciones afuera.

















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