Credito:EFEEl DT de Brasil no entró en polémicas y mostró mayor agudeza que Maradona a la hora de los detalles y del armado del equipo. Se olvidó del jugador y asumió su rol
Pedro Fermanelli Infobae.com
"Maradona tiene que dejar de pensar como jugador". La frase, premonitoria, data de abril de este año. El autor, Carlos Caetano Bledorn Verri. O, simplemente, Dunga, el entrenador de Brasil que, cuestionado y repudiado hace apenas un año, en lugar de redoblar la apuesta se concentró en el armado de un equipo que hoy viste como tal.
Ex número cinco aguerrido, su idea recibió cuestionamientos por presunta traición a la historia de Brasil. ¿Los cargos? Amarretismo. Pero él jamás capituló. Hubo partidos en los que, en efecto, sus dirigidos dieron más sopor que jogo bonito. Pero también hubo encuentros, como el del sábado, que los ganó con la cabeza.
Entonces Robinho, jugador que habitualmente se presta más al brillo personal que al equipo, colaboró en la recuperación. Lo mismo que Kaká, quien dio asistencia (para el 3-1) pero antes, todo el partido, dio una mano enorme a los otros del medio, Felipe Melo y Gilberto Silva. Y a Maicon le puso una cadena para recordarle que debía volver para ayudar a sus colegas de la última línea (ni siquiera hizo falta porque no se proyectó).
Dunga siempre pensó como seleccionador. Incluso a la hora de las palabras, porque supo que las verdades se echan a rodar sobre el campo. En las vísperas, con cautela, y con argumentos en los momentos de euforia. Así, le bajó el perfil a cada polémica iniciada al otro lado del río. La tarea de motivación se limitó a las paredes internas de su vestuario.
Para el después, no podía esperarse otra cosa que lucidez. "Nuestro trabajo estuvo bien hecho, con jugadores que a pesar de tener un talento inmenso, provocan alegría, placer en todo tipo de circunstancias, y transmitir eso al público me hace sentir feliz", dijo después del partido. También aseguró que prevaleció la "calidad técnica", y allí comienza otra historia, de orgullo y de comparaciones a partir de nombres propios.
"Dunga, cuando jugaba, quería ser el Sheriff de la cancha. Venía con esas piernas grandes e intentaba copar la mitad de la cancha. Y como uno no se le achicaba, él quería meter, quería hacerse el dueño del mediocampo", calentaba Maradona días antes del choque en Rosario. Esos duelos podía ganarlos porque, provisto de la técnica más refinada del mundo y de la improvisación más ingeniosa, era el mejor dentro de la cancha. Cuando pensaba como jugador.

















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