
Palermo no lo puede creer, Palacio tiene la mirada perdida y Riquelme sufre como pocas veces; Boca se despidió en la Bombonera y fue puro dolor Foto: LA NACION / Mauro Alfieri
Boca se metió en un túnel oscuro y ya camina a tientas, perdido y sin saber dónde está la salida. No alcanzan los dedos de la mano para enumerar los coletazos que traerá esta eliminación en los octavos de final de la Copa Libertadores. Defensor Sporting se impuso anoche por 1 a 0 en la Bombonera -en la ida habían empatado 2 a 2 en Montevideo- y de un puñetazo resquebrajó la estructura xeneize, tanto en el aspecto deportivo como en el económico y el dirigencial. Un monstruo de mil cabezas empieza a emerger por la Ribera.
Boca sufrirá muchísimo este mazazo. Irónicamente, la herida la provocó un humilde equipo uruguayo que hasta hace poco sólo aspiraba a ganar su liga local. Fue de esos partidos que descalabran el rumbo de un club, que desajustan su ingeniería, que dejan una profunda huella en el ánimo de una entidad. Lo más parecido a un episodio traumático.
Huele a final de una etapa. El ciclo de Carlos Ischia está cumplido, más allá de que el director técnico tenga contrato hasta diciembre próximo. Fue un impacto tan fuerte el que le propinó Defensor que dejó a Boca en una incómoda sensación de vacío para el resto del año.
Ischia, con el semblante de un hombre golpeado -luego de los insultos que recibió de la platea baja-, se excusó de participar de la conferencia de prensa, su primer faltazo desde que trabaja en el club. Pero los dirigentes de Boca le crearon una malla de contención y le aseguraron su continuidad, tras una reunión en el vestuario con el presidente Jorge Amor Ameal; el manager deportivo, Carlos Bianchi, y los dirigentes Marcelo London, José Beraldi y Juan Carlos Crespi.
"No hay que pensar en nada raro, esto debe tomarse con tranquilidad. A Boca le quedan 15 puntos por disputar del Clausura", calmó José Beraldi, luego del cónclave. Ameal tampoco es amigo de los bruscos golpes de timón. Hace unos días, el presidente le había dicho a LA NACION que bajo su gestión se cumplirían todos los contratos, salvo que se produjeran actos de indisciplina, como sucedió por ejemplo con el Chino Benítez y su escupitajo en el partido con Chivas, en 2005. Sin embargo, este fracaso es tan grande que adelantará los tiempos para la búsqueda de soluciones.

















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