
El exitoso empresario norteamericano es la viva expresión del "american dream". A sus 65 años y en una época de crisis se ubicó por primera vez entre los 1.000 hombres más ricos del mundo
John Paul DeJoria tiene una fortuna estimada en 2.500 millones de dólares. En su ficha de The World's Billionaires se lee: "Fortune: self made", y nada podría definirlo mejor, la historia de su vida es digna de una película de Hollywood.
De pequeño tuvo que trabajar junto a su hermano, vendiendo diarios y postales navideñas, para ayudar a su madre; rápidamente esa situación se volvió insostenible y su madre tuvo que abandonarlos en un hogar para menores.
DeJoria ha relatado en varias entrevistas que el sentir y escuchar reiteradas veces la frase "Nunca jamás tendrás éxito en nada de tu vida" fue definitivo para encontrar su camino.
Sus primeros años de adulto fueron de constantes altibajos: vendió seguros, enciclopedias y hasta reparó bicicletas e incluso, tras un breve matrimonio, quedó a cargo de su hijo.
La inestabilidad y su orgullo le impidieron pedir ayuda y acabó en varias ocaciones viviendo en la calle o dentro de un coche, y se dedicó a la recolección de latas y botellas que canjeaba por alimentos.
Su oportunidad llegó cuando fue contratado por los laboratorios Redken, en esos momentos la mayor compañía de productos de peluquería de los Estados Unidos. Aunque entró cobrando 650 dólares al mes eso no le impidió asociarse con su amigo Paul Mictchell y sacar un crédito para poner en marcha lo que se convirtió en un exitoso negocio.
Con el lema "Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero", DeJorá estableció su imperio y hoy es propietario de grandes empresas dedicadas al mundo de la peluquería y de las bebidas alcohólicas.

















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