
En Lindsey protestaban porque iban a emplear a extranjeros, pero la empresa prometió que la mitad de los nuevos trabajadores serán locales. Otras fábricas podrían tomar la misma medida
Los trabajadores que han secundado los paros laborales en contra de la contratación de mano de obra extranjera en varias plantas industriales fueron instados a volver a sus puestos de trabajo, tras recibir el compromiso de que un 50% de esos contratos será para trabajadores locales.
El personal de la planta de refinado de Lindsey (norte de Inglaterra), donde se originaron las protestas que se extendieron a otras plantas del país en medio de una fuerte controversia política, tiene previsto reunirse con sus representantes sindicales en la mañana de hoy para votar si aceptan o no la propuesta.
Tony Ryan, miembro del comité de huelga, dijo a los centenares de trabajadores que protestaban en el exterior de la planta de la empresa Total, en Lindsey, que la compañía les ofreció 102 empleos de nueva creación para un mínimo de nueve semanas.
"Hemos logrado un progreso significativo. Nos han ofrecido lo que pedimos, que es el 50% (de los puestos de trabajo). Tenemos que votar sobre lo que nos han propuesto", dijo Ryan. También aseguró haber recibido garantía de los empresarios de que los trabajadores extranjeros, principalmente italianos y portugueses, recibirán el mismo salario que los británicos.
"Le hemos dicho a la empresa que si sigue trayendo mano de obra extranjera y excluyendo la fuerza de trabajo británica tendrá el mismo problema de cierre que ha tenido ahora. Creo que no serán tan insensatos como para intentar este truco otra vez", declaró. Las amenazas reflejan el grado de xenofobia entre la clase trabajadora británica.
Estas huelgas, que han afectado a varias refinerías del país, estallaron la semana pasada después de que Total anunciase que la empresa italiana IREM se adjudicaba el contrato para construir una nueva unidad de procesado en esa refinería de North Lincolnshire. IREM decidió, para ello, utilizar a su propia fuerza laboral, formada principalmente por trabajadores italianos y portugueses.
En los últimos días, trabajadores de dos centrales nucleares británicas, Sellafield y Heysham (norte de Inglaterra), se unieron a la huelga en solidaridad con sus compañeros de Lindsey. También se sumaron empleados de la refinería de Grangemouth (centro de Escocia), las eléctricas de Longannet, Warrington y Staythorpe (norte inglés), y la de Langage (sur de Inglaterra).
Los trabajadores que han secundado los paros laborales en contra de la contratación de mano de obra extranjera en varias plantas industriales fueron instados a volver a sus puestos de trabajo, tras recibir el compromiso de que un 50% de esos contratos será para trabajadores locales.
El personal de la planta de refinado de Lindsey (norte de Inglaterra), donde se originaron las protestas que se extendieron a otras plantas del país en medio de una fuerte controversia política, tiene previsto reunirse con sus representantes sindicales en la mañana de hoy para votar si aceptan o no la propuesta.
Tony Ryan, miembro del comité de huelga, dijo a los centenares de trabajadores que protestaban en el exterior de la planta de la empresa Total, en Lindsey, que la compañía les ofreció 102 empleos de nueva creación para un mínimo de nueve semanas.
"Hemos logrado un progreso significativo. Nos han ofrecido lo que pedimos, que es el 50% (de los puestos de trabajo). Tenemos que votar sobre lo que nos han propuesto", dijo Ryan. También aseguró haber recibido garantía de los empresarios de que los trabajadores extranjeros, principalmente italianos y portugueses, recibirán el mismo salario que los británicos.
"Le hemos dicho a la empresa que si sigue trayendo mano de obra extranjera y excluyendo la fuerza de trabajo británica tendrá el mismo problema de cierre que ha tenido ahora. Creo que no serán tan insensatos como para intentar este truco otra vez", declaró. Las amenazas reflejan el grado de xenofobia entre la clase trabajadora británica.
Estas huelgas, que han afectado a varias refinerías del país, estallaron la semana pasada después de que Total anunciase que la empresa italiana IREM se adjudicaba el contrato para construir una nueva unidad de procesado en esa refinería de North Lincolnshire. IREM decidió, para ello, utilizar a su propia fuerza laboral, formada principalmente por trabajadores italianos y portugueses.
En los últimos días, trabajadores de dos centrales nucleares británicas, Sellafield y Heysham (norte de Inglaterra), se unieron a la huelga en solidaridad con sus compañeros de Lindsey. También se sumaron empleados de la refinería de Grangemouth (centro de Escocia), las eléctricas de Longannet, Warrington y Staythorpe (norte inglés), y la de Langage (sur de Inglaterra).

















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