
Daniel Koellerer en el ATP de Buenos Aires. Foto: Prensa Copa Telmex
Nalbandian debutará en el Abierto de Acapulco ante el austríaco Daniel Koellerer, tristemente conocido como "Crazy Dany", un jugador insoportable que vuelve locos a sus rivales
Los grandes torneos suelen tener la suerte de que "Crazy Dany" no supera los cuadros de clasificación y entonces ahí quedan, truncas y al margen, sus posibilidades de convertirse en protagonista más por sus excentricidades -cuando no groserías- que por sus proezas tenísticas.
Algunos dirán que al ATP de Buenos Aires le hubiera venido bien que Daniel Koellerer superara la qualy, donde cayó en la última ronda ante el uruguayo Pablo Cuevas. Claro, era espectáculo asegurado. Sin embargo, ni sus colegas, ni los umpires (¡ni los ball boys!) la pasan muy bien cuando comparten cancha con él.
Número 116 del ránking, este singular tenista de 25 años ganó cuatro títulos de Challenger sin lograr jamás consagrarse en el circuito profesional, donde tiene un discreto récord de 5 victorias y 9 derrotas. En poco más de seis años de carrera, acumuló 363 mil dólares en premios.
Su currículum es conocido en el ambiente. Habitual visitante de nuestro país, Koellerer tuvo su estreno en Buenos Aires una noche en la que dio muestra de todas sus mañas. Corría 2005 y enfrentaba en la primera ronda de la Copa Petrobras a un tal Juan Martín Del Potro, en el Vilas Club.
El tandilense ganaba sin mayores problemas y "Crazy Dany" (Loco Dani, tal como se hace llamar) "lo sacó del partido" para vencerlo por 7-5 en el tercer set. Todo a fuerza de insultos (en varios idiomas), burlas y gritos contra su rival (insinuó, con gestos, que el argentino se drogaba y lo parodió cuando éste pidió trainer arrastrándose por toda la cancha), intercambio poco amistoso con el público y hasta un revoleo de raqueta que casi impacta contra la cabeza de un ball boy.
Por esta última acción recibió el único warning (advertencia) de parte del umpire, el brasileño Carlos Bernardes, uno de los más respetados del circuito, quien esa noche cometió el error de no expulsarlo de la cancha.
Eso fue lo que intentaron hacer, también en 2005, varios de sus colegas: echarlo, pero del circuito. En un torneo de Aracajú, 40 jugadores juntaron firmas pidiendo su exclusión. No lo consiguieron. En el marco de esa misma gira latinoamericana, no obstante, recibió el primer gran revés.
En la qualy de Acapulco, después de insultar con vehemencia a su rival, el español Nicolás Almagro, fue suspendido por seis meses. En ese escenario debutará esta noche, ante David Nalbandian, bajo las luces del court central.
Anda solo y habla poco. En los torneos se entrena con juveniles porque el resto de los tenistas profesionales lo evita. Hasta su habitual compañero de dobles, el austríaco Olivier Marach, se cansó de su irascible carácter y desistió de jugar con él. El alemán Tomas Behrend lo definió en pocas, pero oportunas, palabras: "Es el jugador más sucio del circuito".
Algunos dirán que al ATP de Buenos Aires le hubiera venido bien que Daniel Koellerer superara la qualy, donde cayó en la última ronda ante el uruguayo Pablo Cuevas. Claro, era espectáculo asegurado. Sin embargo, ni sus colegas, ni los umpires (¡ni los ball boys!) la pasan muy bien cuando comparten cancha con él.
Número 116 del ránking, este singular tenista de 25 años ganó cuatro títulos de Challenger sin lograr jamás consagrarse en el circuito profesional, donde tiene un discreto récord de 5 victorias y 9 derrotas. En poco más de seis años de carrera, acumuló 363 mil dólares en premios.
Su currículum es conocido en el ambiente. Habitual visitante de nuestro país, Koellerer tuvo su estreno en Buenos Aires una noche en la que dio muestra de todas sus mañas. Corría 2005 y enfrentaba en la primera ronda de la Copa Petrobras a un tal Juan Martín Del Potro, en el Vilas Club.
El tandilense ganaba sin mayores problemas y "Crazy Dany" (Loco Dani, tal como se hace llamar) "lo sacó del partido" para vencerlo por 7-5 en el tercer set. Todo a fuerza de insultos (en varios idiomas), burlas y gritos contra su rival (insinuó, con gestos, que el argentino se drogaba y lo parodió cuando éste pidió trainer arrastrándose por toda la cancha), intercambio poco amistoso con el público y hasta un revoleo de raqueta que casi impacta contra la cabeza de un ball boy.
Por esta última acción recibió el único warning (advertencia) de parte del umpire, el brasileño Carlos Bernardes, uno de los más respetados del circuito, quien esa noche cometió el error de no expulsarlo de la cancha.
Eso fue lo que intentaron hacer, también en 2005, varios de sus colegas: echarlo, pero del circuito. En un torneo de Aracajú, 40 jugadores juntaron firmas pidiendo su exclusión. No lo consiguieron. En el marco de esa misma gira latinoamericana, no obstante, recibió el primer gran revés.
En la qualy de Acapulco, después de insultar con vehemencia a su rival, el español Nicolás Almagro, fue suspendido por seis meses. En ese escenario debutará esta noche, ante David Nalbandian, bajo las luces del court central.
Anda solo y habla poco. En los torneos se entrena con juveniles porque el resto de los tenistas profesionales lo evita. Hasta su habitual compañero de dobles, el austríaco Olivier Marach, se cansó de su irascible carácter y desistió de jugar con él. El alemán Tomas Behrend lo definió en pocas, pero oportunas, palabras: "Es el jugador más sucio del circuito".

















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