
El Pontífice habló ante el monumento a la Inmaculada Concepción, en Roma, al que acudió, siguiendo la tradición, para rendir homenaje a la Virgen por la festividad del 8 de diciembre
Benedicto XVI colocó un gran cesto de rosas blancas ante la estatua coronada por la imagen de la Virgen y afirmó que las rosas indican el amor y la devoción por la Madre y que al igual que a una madre se le regalan flores también se le confían las preocupaciones, "seguros de encontrar en ella el conforto para no abatirse y seguir adelante"."No hay rosas sin espinas", afirmó el Obispo de Roma, que precisó que las espinas son las dificultades, los sufrimientos, los males que han marcado o marcan a las personas o la comunidad."Virgen Inmaculada en este momento quisiera poner en tus manos a los más pequeños, los niños, y sobre todo a aquellos que están gravemente enfermos, a los muchachos con problemas y a los que sufren las consecuencias de situaciones familiares difíciles", manifestó el Papa.El Pontífice expresó asimismo a María su preocupación por los ancianos que viven solos, los enfermos, por los "los inmigrantes a los que les cuesta adaptarse, por las familias que tienen problemas para cuadrar el balance y por las personas que no encuentran trabajo o han perdido un trabajo indispensable para salir adelante"."Enséñanos, María, a ser solidarios con quienes tienen problemas, a colmar las cada vez mayores diferencias sociales, ayúdanos a cultivar el sentido del bien común, del respeto por lo que es público, empújanos a sentir la ciudad como patrimonio de todos y que cada uno pongamos nuestra parte para construir una sociedad más justa y solidaria", imploró el Papa a la Virgen.El Papa Benedicto XVI se mostró convencido de que es posible la victoria del amor, que la gracia es más fuerte que el pecado y que es posible la redención de cualquier esclavitud y pidió a la Virgen que dé fuerza a los hombres para afrontar la realidad con sus problemas, "con coraje y responsabilidad". El Sumo Pontífice imploró a María que interceda por los jóvenes, "para que tengan el coraje de ser centinelas del mañana", y por todos los cristianos "para que sean núcleo del mundo en esta difícil etapa de la historia". Esta famosa plaza en el centro de Roma recibe su nombre del Palazzo di Spagna, el histórico edificio que es sede desde 1647 de la Embajada de España ante la Santa Sede. La antigua columna romana de mármol cebollino se encontró en 1777 en el monasterio de Nuestra Señora de la Concepción en Roma y fue llevada a Plaza de España en 1856 para celebrar la proclamación del dogma que tuvo lugar dos años antes, consignó el portal español COPE.

















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