
En la Argentina, según un estudio realizado por pediatras del Hospital Gutiérrez, el 68% de los progenitores aún utiliza el castigo físico como método para disciplinar a sus hijos
El estudio realizado en 2007 sobre la base de 475 encuestas, concluye además que el 41 % de los consultados había sido castigado de la misma forma. Un sondeo similar llevado adelante por la Academia Americana de Pediatría en los Estados Unidos concluyó que nueve de cada diez padres "nalguea" a sus hijos.
La encargada del estudio, la médica residente Gabriela Giaccaglia, advirtió, en declaraciones a Clarín, que "cuando el padre llega al chirlo es porque falló en las formas anteriores de poner límites. El chico que se va dormir a cualquier hora, que no quiere bañarse o cenar porque está mirando televisión, a la larga es inmanejable. Y es ahí que viene el chirlo".
La pediatra advierte que la mayoría de los padres no hablan con nadie de los métodos que utilizan para criar a sus hijos y toman los castigos como naturales porque "reproducen el modelo.
Fernando Zingman, de la Sociedad Argentina de Pediatría, señala que "a los chicos no se los puede entrenar como a los perros, pegándoles con el diario. Cuando se les pega por lo general dejan de portarse mal y la sensación es que es el chirlo fue efectivo, pero en verdad el chico deja de hacerlo por miedo a que vuelvan a pegarle, no porque haya entendido qué estaba bien y qué estaba mal".
En cambio, considera otras opciones: "Cuando al chico le decís 'si volvés a hacer eso mamá no te va querer más', para ese chico es una amenaza devastadora: implica que lo pueden dejar de querer por algo. Hay padres que no pegan pero les dicen 'sos un boludo' cuando hacen una macana y eso es tan fuerte como un golpe".

















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