Bajo la dirección de Gustavo Bonamino, en la pieza Divinas palabras varios personajes mezquinos y lujuriosos pugnarán por la posesión de un enano lisiado para ganar dinero
Marisa Brel
Bajo la dirección de Gustavo Bonamino y con funciones los viernes y sábados a las 21, esta tragicomedia presenta situaciones protagonizadas por seres marginados, en los que la avaricia y la lujuria desencadenan la trama: la pugna de una familia por la posesión de un enano lisiado que arrastran por pueblos y ferias para ganar dinero.
La acción también aborda la lucha de dos miradas opuestas: una, conservadora, de religiosidad hipócrita y rígida que se enfrenta a la vitalidad, desparpajo, ansia de libertad y el deseo sólo liberado por el goce sensual. Sin embargo, ambas posturas están manchadas por la misma codicia, mentira, hipocresía e ignorancia. Una crítica feroz que desnuda con sarcasmo cómo la rudeza y la corrupción del sistema desangra un pueblo.
Al final, un halo de piedad cruza la escena, que se cierra con las divinas palabras pero es una piedad que no deja de lado la ironía: un pueblo rudo e ignorante acata con sumisión y sólo se detiene ante unas palabras - en latín- que no comprende pero que, por eso mismo, cree.

















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