
El enviado de Infobae.com a Roland Garros brinda detalles sobre un "oficio" muy rentable en la Argentina: el de los "arbolitos" que ofrecen entradas a precios inflados
Ignacio Uzquiza- Enviado especial en Roland Garros
"Busco tickets, tickets", se oye cada vez que pasa alguien por enfrente de ellos. Son, por lo general, inmigrantes que anuncian su jingle sin problemas. La cercanía de las autoridades no representa un inconveniente porque ellos hacen suponer, dada la ambigüedad de su discurso, que quieren entradas, no que las venden.
De todas formas, la gente los ubica perfectamente, entonces se les acercan y ahí comienza la negociación. La reventa empieza por 150 euros las entradas que, compradas a tiempo o como manda la ley, se consiguen a 76. La diferencia no es tan abismal como en la Argentina.
Una vez que se pactó el precio, puede observarse cómo revendedor y comprador se alejan unos metros y en diez, veinte minutos, retorna el feliz comprador con las entradas en la mano.
¿Por qué se alejan para hacer el negocio? Porque en ese momento el revendedor no cuenta con las entradas sino que se encuentran escondidas, por temor a que la Policía los encuentre. Si eso sucediese, la autoridad rompe el ticket y le devuelve la plata al comprador.
Las entradas para presenciar Roland Garros se pueden comprar desde marzo y las que sobran, se ponen a la venta en las sucesivas jornadas. No todas las localidades tienen acceso a todas las canchas. Las más caras son las que permiten ingresar al Philppe Chatrier, la más importante del club.
Luego está la de la Suzzane Lenglen, la segunda cancha en importancia. Con estos dos tickets es posible también entrar a las otras canchas auxiliares. Ambas cuestan 76 euros. La más barata es aquella que permite acceder a todas las otras canchas, pero no a las dos más importantes. Hay que pagar 50 euros por ella.
Los revendedores ciertas veces cambian el rol y se ponen en compradores. Es normal que un francés previsor haya comprado el abono a todo el torneo con anterioridad y que alguna jornada no pueda concurrir. Entonces, lleva el boleto de ese día y se lo ofrece a un revendedor. Como esto es una costumbre, hay muchos revendedores que en sus tiempos libres se ponen a buscar entradas para otros días.

















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