
los dirigentes quieren que el Virrey se haga cargo del equipo a pesar de la claúsula que se lo impide. Hoy a las 11 habrá conferencia de prensa del DT.
Se terminó la Copa. Se viene otro Boca. Por el técnico: es muy difícil que siga Ischia. Y porque algunos jugadores están cerrando su ciclo. ¿Por qué a Boca le pasó lo que le pasó? Los jugadores no respondieron. Ischia no les dio una mano desde afuera. Y los dirigentes, con sus decisiones, tampoco apoyaron al entrenador. Así se produjo el estallido.Todavía resuenan las palabras de Bianchi, enojado, en esa conferencia de prensa a la que convocó de urgencia para afirmar que "Ischia tiene contrato hasta el 31 de diciembre y creo que tiene que cumplirlo". Pero, cuando le preguntaron qué sucedería si Boca no alzaba la Copa, instaló un enigmático: "En julio, vemos...". Los tiempos se acortaron...
Se viene otra era en Boca. El deseo que la dirigencia no oculta es que el técnico sea Bianchi, más allá de la cláusula en su contrato que le impide suceder a Ischia.
¿Cumplirá el presidente Jorge Ameal, quien no se cansó de repetir que "después de Ischia, habrá otro técnico y recién luego Bianchi"? ¿Quién podría venir antes del Virrey? Suena Jorge Bermúdez. No se descarta un interinato de Abel Alves. Y hasta se instaló Gustavo Alfaro, de excelente relación con Bianchi.
En este fracaso, todos tienen responsabilidad. Los jugadores fallaron en momentos decisivos. Hubo errores, como ese segundo gol de Defensor, allá, que costó la clasificación. Y faltó más rebeldía en el segundo tiempo de ayer.
Al técnico le cuestionan los cambios. Ischia ni pateó ni se equivocó delante del arquero o despejando en área propia. Pero no colaboró desde afuera. Anoche, por ejemplo, a su lado terminó sentado Mouche, el delantero por afuera más desequilibrante que tiene a mano. El DT optó por dos "nueve" (Palermo y Figueroa) en un equipo que no los alimentaba con desbordes, lo que le sobra a Mouche.
La dirigencia no le dio casi nunca el gusto a Ischia con los refuerzos. Planteó un escenario de ajuste económico, pero contrató a un manager que es entrenador en una fortuna: 1.800.000 dólares.
Es cierto que con Riquelme y Palacio en plenitud física, el final de la historia tal vez podría haber sido muy distino. Pero eso no ocurrió. La realidad es otra dolorosa eliminación. Y un futuro envuelto en una incógnita gigantesca. Dijo un dirigente pesado cuando dejaba la Bombonera: "Si Ischia no renuncia, tenemos que hacer todo para que se vaya".w

















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