
Dos casos reavivaron la polémica, cuando aún no se callan los reclamos por la instauración de la pena de muerte. En uno, una jueza otorgó la prisión domiciliaria a un menor secuestrador que volvió a delinquir. En otro, podrían beneficiar a la confesa asesina de un policía
Maximiliano Barrios Chazarreta ya había sido detenido en noviembre de 2008 por robar un automóvil en la localidad de Quilmes y en ese entonces la Justicia lo benefició con prisión domiciliaria debido a que era menor de edad (tenía 17 años).
Ahora el joven está imputado junto a otros dos hombres de secuestrar a un comerciante de Bruzaco principios de este mes. Cuando la Policía fue a apresarlo tampoco estaba en su domicilio.
El pasado 3 de marzo la banda interceptó a la víctima en la puerta de su casa, lo capturó y trasladó a una casa abandonada ubicada en la intercepción de Namuncurá y Los Ceibos de la localidad de Claypole.
El comerciante, de unos 35 años, fue golpeado y maniatado con cordones de zapatillas y por medio de su celular la banda se comunicó con su hermano para exigir un rescate de 20.000 pesos.
El hombre secuestrado aprovechó que lo dejaron solo, logró zafarse de las ataduras y escapó mientras sus captores negociaban con su hermano.
El pago se realizó en Don Orione en una bolsa que fue recogida por un joven que sería Chazarreta; la Policía lo dejó ir para seguirlo y atrapar al resto de la banda y ayer se confirmaron las detenciones.
El polémico régimen de detención domiciliaria utiliza un sistema de tobilleras magnéticas monitoreadas por computadoras y es un beneficio otorgado por la Justicia en lo que considera como casos especiales, como adultos mayores, enfermos, menores, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños, etc.
Ayer la viuda del policía Aldo Garrido, anunció que está recolectando firmas para un petitorio en el que reclaman que esa medida no sea aplicada a Débora Acuña, la asesina de su marido que está embarazada y fue procesada junto a su marido con prisión preventiva.
Garrido murió en funciones el mes pasado al intentar contrarrestar un robo en pleno centro de San Isidro. Su muerte marcó el inicio de una serie de asesinatos a efectivos policiales, provocó gran conmoción en la comunidad y fue uno de los primeros hechos que generaron una ola de reclamos de mayor seguridad.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario