
Afirman que a la oleada de expropiaciones, que le dan al estado un mayor control de la economía del país, se suman nacionalizaciones, las amenazas de expropiar y la apertura de procesos judiciales contra empresarios y opositores
Intempestivamente el presidente Hugo Chávez le dio hace poco dos semanas a la embotelladora Coca-Cola en Venezuela para que le entregase a la comunidad una playa de estacionamiento de camiones donde funcionaba un pequeño centro de distribución, aduciendo que los residentes de ese barrio le darían mejor uso al terreno.
La respuesta de Coca-Cola no se hizo esperar y a los pocos días prometió la entrega del terreno en un plazo máximo de cuatro meses. En el ínterin deberá mudar esa operación a otro sitio con la ayuda del gobierno. No se habló de compensación alguna por la mudanza y, como en otros muchos casos, la acción se adelanta sin que medie un proceso judicial previo.
La empresa, cuyas instalaciones fueron tomadas por trabajadores con respaldo del gobierno el año pasado, en que sufrió pérdidas de 9 millones de dólares, dijo en un comunicado que ratificaba su "mejor disposición para apoyar iniciativas que contribuyan a la meta que se ha fijado el gobierno".
El gobierno no ha dicho qué medidas tomaría si la compañía no cumple con lo exigido.
Nadie ha hablado de expropiaciones. Pero el temor a ser expropiadas podría estar condicionando la toma de decisiones en las empresas de este país, donde el gobierno ha ordenado las expropiaciones de numerosas propiedades pertenecientes a compañías locales y extranjeras.
"Con sus amenazas, incluso cuando muchas no se concretan, (Chávez) ayuda a que uno por miedo a perder su sustento, a convertirnos en víctimas de expropiaciones y sufrir el acoso del Seniat (el organismo tributario)... cedamos a los caprichos del gobierno y mientras más rápido lo hagamos, mejor", expresó Joao Antonio Noguera, de 65 años, propietario de una panadería en Caracas.
"Muchos comerciantes, ganaderos y empresarios, grandes o pequeños como yo, terminamos haciendo su voluntad, incluso estando conscientes que son atropellados nuestros derechos y que no hay razones jurídicas para que te arrebaten tu negocio o un terrenito por ahí", señaló.
"Creo que lo peor de todas las cosas que hace son las amenazas. Lo tiene a uno en ascua (sobresaltado) porque dice que te va a quitar algo y a veces pasan meses años y no te lo quita, pero te mantiene amenazado", añadió.
Los adversarios de mandatario, por su parte, afirman que a la oleada de expropiaciones, que le dan al estado un mayor control de la economía del país, se suman nacionalizaciones, las amenazas de expropiar y la apertura de procesos judiciales contra empresarios o dirigentes políticos opositores.
"Chávez debió sentirse muy complacido" con la respuesta de Coca Cola, dijo Manuel Rosales, alcalde de Maracaibo y líder opositor, pues por un lado "confirmó que sus amenazas surten efecto y por otro vio que el libreto del amedrentamiento le sigue dando dividendos".
Rosales, a quien el gobierno acusa de enriquecimiento ilícito, afirmó que las expropiaciones e intervenciones de empresas, así como el proceso en su contra, responden a un plan de Chávez para distraer la atención pública en momentos que se preparaba para aplicar un paquete de medidas económicas.
"Todo esto es una cortina de humo. Cada vez que Chávez se prepara para aplicar medidas que él sabe que son impopulares recurre al expediente de las amenazas, las expropiaciones, y no tiene pudor para mover sus hilos judiciales para perseguir y criminalizar la disidencia", agregó el alcalde, quien fue candidato presidencial en el 2006.
Inmerso en dos procesos electorales en los últimos seis meses, el líder socialista pareció poco dispuesto adelantar el anuncio de medidas destinadas a enfrentar la crisis económica mundial.
Los precios del crudo se han derrumbado y llegaron a ser una cuarta parte de los observados en julio del año pasado, cuando alcanzó la cifra récord de 147 dólares por barril, antes de iniciar un pequeño repunte. El petróleo representa el 93% de las exportaciones venezolanas y casi la mitad del presupuesto gubernamental.
"Vivimos con miedo. En el caso de Coca-Cola no podía decir que ese era un terreno baldío o que estaba operando a menos de su capacidad. Se empeñó en ese terreno y ya", dijo Luis González, un ferretero de 45 años.
"El presidente no trata de meterle miedo a nadie", aseguró el diputado oficialista Ricardo Sanguino. "Los que le tienen miedo a los cambios son aquellos que controlaban gobiernos, que temen perder privilegios obscenos. Aquí lo que se está es construyendo un país para nuestros hijos y para nuestros nietos. El cambio es la esencia de la Revolución Bolivariana".
Los muchos simpatizantes de Chávez, que conserva una amplia popularidad, especialmente entre los pobres, apoyan sus acciones.
"Chávez sólo trata de hacer lo que es mejor para nosotros los pobres", dijo José Gregorio Morales, una vendedor ambulante de 39 años.
"Si hay una fabrica parada o un terreno en que se puede construir, es lógico que lo expropie. Chávez sabe que el pueblo necesita donde trabajar y vivir", indicó.
"Cuando la gente vive en riesgo a la pata (al pie) de un cerro, como aquí en (el barrio de) Gramoven, no se puede perder tiempo", agregó Morales, quien espera que se construyan varios edificios residenciales en el predio de Coca Cola.
En los últimos dos años Chávez ha nacionalizado la mayor siderúrgica del país, el sector del aluminio, los proyectos petroleros de la Faja del Orinoco, edificios en construcción y las empresas cementeras, como parte de un plan para establecer en el país el modelo socialista.
"Esta revolución se seguirá radicalizando, profundizando. Hay que radicalizarla, que nadie le tenga miedo. Radical significa ir a la raíz, esta revolución será más radical, irá a sus raíces", dijo Chávez el domingo 15 de radio y televisión "Aló, presidente"
Chávez sancionó en noviembre del 2001 un conjunto de leyes, entre ellas la ley de Tierras, que le permite al gobierno el uso de los campos y posibles expropiaciones de terrenos urbanos y agrícolas en el supuesto que se determinen que no están siendo explotadas o que forman parte de un latifundio.
También nacionalizó la mayor telefónica y la Electricidad de Caracas, la más eficiente empresa del sector eléctrico venezolano. En contraste, el grueso de las empresas eléctricas del estado someten a largos y continuos cortes a las regiones a las que sirve.

















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