
Récord histórico de días sin clases y la nacionalización de la línea aérea de bandera fueron el resultado de la multiplicación y competencia entre sindicatos. La situación se podría agravar con el fallo de la Corte
La Corte Suprema de Justicia emitió ayer un fallo que consagró la libertad sindical, pero que al mismo tiempo abrió las puertas también a la fragmentación y a una virtual dispersión anárquica de esa actividad. Esa situación, sin bien el máximo tribunal garantizó un principio constitucional, podría agravarse en el corto plazo, ya que no se requerirá de una disciplina o encuadramiento gremial para negociar con el sector empresario.
Las consecuencias de que se concrete la fragmentación -inclusive con la irrupción de delegados de extrema izquierda- ya se conocen en el país, sobre todo en el caso de Aerolíneas Argentinas y en el conflicto de los maestros de la Ciudad. Una empresa nacionalizada para evitar su quiebra y un récord histórico en días sin clase son hoy por hoy el resultado patente de la aplicación del fallo de la Corte Suprema de Justicia.
En el caso de la línea aérea de bandera, hoy los representantes de Marsans -titular de la compañía- y del Estado -que por ley pasó a controlarla- se deberán reunir para definir cómo se sale de la situación de terapia intensiva en la que está, principalmente, por los paros de actividades y suspensiones de vuelos que fueron moneda corriente en los últimos años.
En esa actividad hay al menos siete sindicatos que representan a los trabajadores, desde aquellos de personal de tierra, los técnicos, los mozos o azafatas, los pilotos, y demás ramas de una misma actividad. Tanto Marsans, como antes había sido la SEPI (ex controlante por el Estado español de Aerolíneas), se quejaron por la anarquía en la que caían los dirigentes sindicales.
El descontrol y las continuas suspensiones de los vuelos hicieron que la empresa perdiera gran cantidad de pasajeros y que su situación quedara al límite de la quiebra. De allí que este año el gobierno nacional debió intervenir y anunciar su estatización para evitar una crisis del sector aerocomercial.
En tanto, la ciudad de Buenos Aires se encuentra este año en un complejo escenario educativo, debido a que el gobierno porteño no logra acordar una posición común frente al reclamo salarial con 17 gremios distintos que se adjudican la representación de los maestros.
El jefe de gobierno, Mauricio Macri, y el ministro de Educación, Mariano Narodowski se quejaron en varias oportunidades de que las ofertas salariales presentadas a los sindicatos terminaban sin ser aceptadas por una virtual competencia política entre los sindicatos que operan en el sector docente.
La anarquía que se estableció en este sector fue la clave para que la Ciudad anotara este año a un récord de días sin clases por los permanentes pedidos de aumento que en los sindicatos surgieron casi mensualmente y que nunca pudieron ser satisfechos.
La Corte Suprema de Justicia emitió ayer un fallo que consagró la libertad sindical, pero que al mismo tiempo abrió las puertas también a la fragmentación y a una virtual dispersión anárquica de esa actividad. Esa situación, sin bien el máximo tribunal garantizó un principio constitucional, podría agravarse en el corto plazo, ya que no se requerirá de una disciplina o encuadramiento gremial para negociar con el sector empresario.
Las consecuencias de que se concrete la fragmentación -inclusive con la irrupción de delegados de extrema izquierda- ya se conocen en el país, sobre todo en el caso de Aerolíneas Argentinas y en el conflicto de los maestros de la Ciudad. Una empresa nacionalizada para evitar su quiebra y un récord histórico en días sin clase son hoy por hoy el resultado patente de la aplicación del fallo de la Corte Suprema de Justicia.
En el caso de la línea aérea de bandera, hoy los representantes de Marsans -titular de la compañía- y del Estado -que por ley pasó a controlarla- se deberán reunir para definir cómo se sale de la situación de terapia intensiva en la que está, principalmente, por los paros de actividades y suspensiones de vuelos que fueron moneda corriente en los últimos años.
En esa actividad hay al menos siete sindicatos que representan a los trabajadores, desde aquellos de personal de tierra, los técnicos, los mozos o azafatas, los pilotos, y demás ramas de una misma actividad. Tanto Marsans, como antes había sido la SEPI (ex controlante por el Estado español de Aerolíneas), se quejaron por la anarquía en la que caían los dirigentes sindicales.
El descontrol y las continuas suspensiones de los vuelos hicieron que la empresa perdiera gran cantidad de pasajeros y que su situación quedara al límite de la quiebra. De allí que este año el gobierno nacional debió intervenir y anunciar su estatización para evitar una crisis del sector aerocomercial.
En tanto, la ciudad de Buenos Aires se encuentra este año en un complejo escenario educativo, debido a que el gobierno porteño no logra acordar una posición común frente al reclamo salarial con 17 gremios distintos que se adjudican la representación de los maestros.
El jefe de gobierno, Mauricio Macri, y el ministro de Educación, Mariano Narodowski se quejaron en varias oportunidades de que las ofertas salariales presentadas a los sindicatos terminaban sin ser aceptadas por una virtual competencia política entre los sindicatos que operan en el sector docente.
La anarquía que se estableció en este sector fue la clave para que la Ciudad anotara este año a un récord de días sin clases por los permanentes pedidos de aumento que en los sindicatos surgieron casi mensualmente y que nunca pudieron ser satisfechos.

















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