
Casi dos décadas después un hecho económico y político vuelve a dejar una huella imborrable al mundo. Los expertos sostienen que la similitudes más notables están en "el fin de una forma de pensar" y el comienzo de una "nueva era"
Hoy se cumplen 19 años de la caída del Muro de Berlín, un hecho histórico que marcó al mundo en 1989 provocando un cambio social, político y económico, y fue muy recordado en los últimos meses en una relativa comparación con el temblor mundial que produjo el desastre financiero.
El Muro de Berlín -construido en 1949- cayó entre la noche del jueves 9 de noviembre y el viernes 10, convirtiendo a la República Federal Alemana (RFA, del este) y la República Democrática Alemana (RDA, del oste), en una sola Alemania, y el acontecimiento fue llamado por los alemanes como "die Wende" (el Cambio, en español).
Ese día se convirtió en el fin de una época y el comienzo del proceso de desaparición de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que finalmente se deshizo en 1991.
Si bien la caída del Muro no fue sólo por causas económicas y estuvo definido por el completo agotamiento de las relaciones políticas establecidas entre las potencias mundiales desde la segunda guerra mundial, se inscribió en el marco de pesadas deudas externas y descomunales "ajustes" financieros.
La privatización de las empresas estatales del este en favor de los grandes grupos económicos del oeste fue subsidiada masivamente por el Estado que se hizo cargo de la deuda externa de la República Democrática Alemana (oeste) y de los problemas internos y externos de sus empresas.
Esa crisis provocó una descomunal emisión monetaria y un crecimiento espectacular del déficit fiscal, por lo que el costo de la "reunificación alemana" ascendió a varios cientos de miles de millones de dólares.
Ese descalabro fue afrontado por la economía real sostenida por la clase obrera alemana, quien sufrió la reducción del seguro al desempleado, de los subsidios familiares y el elevamiento de la edad jubilatoria.
La anexión significó, efectivamente, una enorme destrucción de fuerzas productivas: desaparecieron las dos terceras partes del PBI industrial alemán y la desocupación trepó por sobre el 40 por ciento de la población activa.
Los capitalistas del oeste lograron amasar enormes fortunas y escapar a sus responsabilidades, mientras que la economía alemana debió sufrir la recesión.
En aquel momento sonó fuerte la idea del "envejecimiento" del Capitalismo y los responsables de las empresas fueron señalados como "artífices" del la crisis posterior a la caída del muro, cotejo realizado hoy por los economistas más críticos con los operadores bursátiles.
Por estos días, los responsables financieros del mercado de capitales fueron culpados por haber tomado decisiones con altísimos grados de riesgo que finalmente hicieron estallar la "burbuja", cuyos efectos comenzaron a expandirse desde Wall Street hacia la economía real del mundo entero.
Ambos hechos son señalados por los críticos por los puntos similares que llevaron al "fin de una era" y al comienzo de una nueva forma de "administrar el mundo" con potencias que sufrieron en desgaste de una forma de pensar y hacer, y una fuerte crisis que afectó a todos.
El Muro de Berlín -construido en 1949- cayó entre la noche del jueves 9 de noviembre y el viernes 10, convirtiendo a la República Federal Alemana (RFA, del este) y la República Democrática Alemana (RDA, del oste), en una sola Alemania, y el acontecimiento fue llamado por los alemanes como "die Wende" (el Cambio, en español).
Ese día se convirtió en el fin de una época y el comienzo del proceso de desaparición de la poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que finalmente se deshizo en 1991.
Si bien la caída del Muro no fue sólo por causas económicas y estuvo definido por el completo agotamiento de las relaciones políticas establecidas entre las potencias mundiales desde la segunda guerra mundial, se inscribió en el marco de pesadas deudas externas y descomunales "ajustes" financieros.
La privatización de las empresas estatales del este en favor de los grandes grupos económicos del oeste fue subsidiada masivamente por el Estado que se hizo cargo de la deuda externa de la República Democrática Alemana (oeste) y de los problemas internos y externos de sus empresas.
Esa crisis provocó una descomunal emisión monetaria y un crecimiento espectacular del déficit fiscal, por lo que el costo de la "reunificación alemana" ascendió a varios cientos de miles de millones de dólares.
Ese descalabro fue afrontado por la economía real sostenida por la clase obrera alemana, quien sufrió la reducción del seguro al desempleado, de los subsidios familiares y el elevamiento de la edad jubilatoria.
La anexión significó, efectivamente, una enorme destrucción de fuerzas productivas: desaparecieron las dos terceras partes del PBI industrial alemán y la desocupación trepó por sobre el 40 por ciento de la población activa.
Los capitalistas del oeste lograron amasar enormes fortunas y escapar a sus responsabilidades, mientras que la economía alemana debió sufrir la recesión.
En aquel momento sonó fuerte la idea del "envejecimiento" del Capitalismo y los responsables de las empresas fueron señalados como "artífices" del la crisis posterior a la caída del muro, cotejo realizado hoy por los economistas más críticos con los operadores bursátiles.
Por estos días, los responsables financieros del mercado de capitales fueron culpados por haber tomado decisiones con altísimos grados de riesgo que finalmente hicieron estallar la "burbuja", cuyos efectos comenzaron a expandirse desde Wall Street hacia la economía real del mundo entero.
Ambos hechos son señalados por los críticos por los puntos similares que llevaron al "fin de una era" y al comienzo de una nueva forma de "administrar el mundo" con potencias que sufrieron en desgaste de una forma de pensar y hacer, y una fuerte crisis que afectó a todos.

















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